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Noviembre 19, 2019 11:32 hrs.

Lic. Oscar Gordiano Vite Vargas › iconos

Política Nacional › México Hidalgo


No obstante que México es considerado por la comunidad internacional como un país con problemáticas y atrasos significativos, en el ámbito de la política exterior es visto como un actor respetabilísimo dentro del concierto de naciones, con una tradición diplomática muy sólida que ha jugado un papel fundamental en la construcción de las relaciones internacionales.

Diversos factores han influido para que la política exterior mexicana haya tenido tal proyección, entre otros, la propia integración del Servicio Exterior con personal de carrera altamente capacitado y comprometido con las causas nacionales e internacionales, derivando ello en las prestigiosas doctrinas de política exterior que se han originado en este rubro, mismas que han sido invocadas por otras naciones para dirimir sus controversias. Otro factor del éxito en la materia es la posición de Jefes de Estado y del personal de la cancillería en coyunturas particularmente relevantes, y, por supuesto, también la posición geoestratégica del país también ha jugado un papel indiscutible. La atinada conducción de la diplomacia mexicana a cargo de personajes como Matías Romero, Genaro Estrada, José Gorostiza, Isidro Fabela y tantos otros internacionalistas de vocación, ha contribuido a posicionar al país en un sitio privilegiado y de vanguardia en los foros internacionales, lo que constituye un verdadero legado que hay que proteger.

La doctrina Carranza y la doctrina Estrada marcan el sentido de la política exterior mexicana, en las que los principios de soberanía, autodeterminación y no intervención son la piedra angular.

Por otra parte, las intervenciones del estado mexicano en el contexto internacional han destacado sobre manera. Las posturas adoptadas por México ante ciertas coyunturas han contribuido al reconocimiento de la estatura internacional del país, como es el caso del asilo político a los perseguidos políticos españoles durante el franquismo, o el asilo político a los partidarios de la Unidad Popular en el golpe de estado de 1973 en Chile, acciones muy valoradas por la comunidad internacional.

La política exterior en México tiene dos cualidades muy difíciles de conciliar, que son el pragmatismo y el idealismo, lo cual requiere de una comprensión muy amplia del contexto internacional por parte de los diplomáticos, en el que el realismo político es indispensable para operar los intereses más tangibles e inmediatos, pero no menos importante resulta el idealismo político para lograr el efecto civilizador contenido en la célebre frase del benemérito de las Américas, que puede considerarse como la esencia de una doctrina Juárez de política exterior: ’entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’.

En este sentido, la dignidad de todos los pueblos como base del respeto mutuo, la solidaridad internacional, el respeto irrestricto a los derechos humanos y la solución pacífica de controversias, son algunas de las directrices que animan la acción internacional del Estado mexicano bajo el principio primus inter pares. La inclusión de estas ideas y principios tan humanistas y civilizadores en el derecho positivo mexicano, particularmente en la Constitución Política, es una manera de proteger la tradición de la política exterior nacional y una manera de darles vigencia plena y eficacia normativa.

Es contradictorio que el país tenga tan buena reputación en política exterior, pero siga existiendo una realidad nacional que no es compatible con los sublimes principios internacionalistas. Carlos Fuentes afirmó que para que México se inserte en la corriente globalizadora, primero tiene que atender sus carencias locales, con lo que coincidimos plenamente, y sin duda alguna, la política exterior es una de las fortalezas del Estado mexicano, es uno de los activos que deben utilizarse para hacer política interior y consolidar la posición de liderazgo internacional no solo en cuanto a política exterior, sino como un país con condiciones internas equiparables a las de cualquier país con estándares elevados.

Las actuales coyunturas internacionales son el marco perfecto para darle un nuevo impulso a la política exterior mexicana. La agenda binacional, con los migrantes en el centro, es un tema prioritario, pero también el tema de la integración y el multilateralismo representan una veta muy prometedora. Más allá de los tratados y acuerdos internacionales y de la conveniente integración económica con América del Norte, México está llamado a virar hacia otros horizontes. América Latina reclama para si la participación de México en sus procesos regionales, porque la integración de esta zona está incompleta sin este eslabón fundamental, aspiración legítima como la de la madre que reconoce a sus hijos, adquiriendo vigencia y sentido el destino proyectado por Bolívar de la integración hispanoamericana en una patria grande. En el ámbito del multilateralismo, la "aldea global" implica una interrelación de todos los países del mundo para afrontar juntos el problema del cambio climático, de la pobreza y la escasez de recursos vitales como el agua, el acceso a la salud, a la alimentación, al control de pandemias, el terrorismo...entre tantos otros asuntos que no respetan soberanías ni jurisdicciones. En tal virtud, fieles a la política exterior mexicana, el gobierno actual debe privilegiar las doctrinas y principios rectores de la diplomacia tradicionales, capitalizando lo que las generaciones previas de diplomáticos construyeron para afianzar el prestigio del Estado mexicano, pero sobre todo, deberá interpretar con sensibilidad los deseos de una nación unida indisolublemente por vínculos históricos y culturales a Latinoamérica, ligada en términos económicos y geográficos a Estados Unidos de América, pero igualmente inserta en el proceso globalizador teniendo al mundo como escenario. En el análisis coyuntural, en el fenómeno migratorio el actual gobierno no parece estar siguiendo la ruta de la dignidad y autodeterminación prescrito por la tradición ya referida, pero sin duda, si está acertando en el caso del asilo a Evo Morales, poniendo en práctica la protección del Estado mexicano a todo ciudadano que sea perseguido políticamente y se le conculquen sus derechos humanos, por lo que es deseable que en lo subsecuente se continúe bajo los principios de política exterior que le han dado a México un lugar privilegiado en el mundo.

Es cuanto.





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