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Noviembre 28, 2019 10:55 hrs.

Lic. Oscar Gordiano Vite Vargas › iconos

Política Nacional › México Hidalgo


Por citar un concepto de revolución, nos remitiremos al de Marcuse, quien la define como "el derrocamiento de un gobierno y de una constitución legalmente establecidos, por una clase social o un movimiento cuyo fin es cambiar la estructura social y la estructura política’. Esta definición doctrinal se actualiza en la casuística de las revoluciones lato sensu, y en lo particular, cada revolución tiene características únicas que le dan una identidad propia.

Haciendo un breve recuento de algunos de los acontecimientos más importantes este proceso histórico, la Revolución Mexicana de 1910 se inscribe en las denominadas revoluciones sociales, en cuyo proyecto se ubica como eje central la justicia social. La dictadura de Porfirio Díaz había propiciado una realidad social contrastante, en la que el sector mayoritario de la población vivía en la marginalidad, la injusticia y la pobreza, no así una minoría acaudalada afín o beneficiaria del régimen. Las diversas causas endógenas del conflicto armado, sintomáticas de un modelo agotado tanto en lo económico, lo político e incluso en los códigos sociales y las manifestaciones culturales, orillaron a la población a cuestionar la legitimidad del régimen y revertir el statu quo imperante durante mas de treinta años.

Las esperanzas revolucionarias se volcaron al maderismo en un primer momento debido a su viabilidad, al que se sumaron otros grupos que en su conjunto conformaron las muy diversas fuerzas impulsoras de la Revolución Mexicana, incluyendo un sector campesino exigiendo la propiedad de la tierra, un sector obrero exigiendo condiciones laborales y salarios justos, un sector político e intelectual demandando libertades, derechos y democracia, la ciudadanía aspirando a mejores niveles de vida y acceso a la justicia. Por toda la geografía nacional había grupos enarbolando las causas revolucionarias, como el Ejército Libertador del Sur con Emiliano Zapata al frene y la División del Norte con Francisco Villa a la cabeza. No obstante los intentos contrarrevolucionarios de contener el levantamiento, Porfirio Díaz renuncia a la Presidencia y se inicia un proceso de transformación nacional. Madero asume la presidencia de la república con un proyecto democrático moderado, incluyendo en su gabinete a antiguos integrantes del porfirismo, circunstancia que le sería adversa a la postre. En contraste, grupos como el zapatista tenían posturas más radicales como el reparto agrario expresado en el plan de Ayala, documento que evidenció un distanciamiento con Madero. Las circunstancias que debilitaron al gobierno de Madero fueron aprovechadas por Manuel Mondragón, Bernardo Reyes, Félix Díaz y Victoriano Huerta para derrocarlo mediante un golpe de Estado, siendo asesinado el presidente junto con su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez. A la muerte de Madero, y después de un brevísimo e irrisorio periodo de 45 minutos de gobierno de Pedro Lascuráin, Victoriano Huerta asumió la Presidencia de la República de manera ilegítima usurpando el cargo, convirtiéndose en un dictador reaccionario que persiguió a los maderistas y en general a los revolucionarios. Es importante destacar que tanto en el ascenso de huerta como en su caída, la embajada norteamericana desempeñó un papel decisivo. Uno de los gobernadores que no reconoció el gobierno ilegítimo de Huerta fue el de Coahuila, Venustiano Carranza, quien buscando restablecer el orden constitucional, conformó un ejercito que combatió al régimen huertista hasta derrotarlo, y que al final, este coahuilense supo capitalizar los logros revolucionarios y el vacío de poder, convirtiéndose en el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. En un intento por pacificar al país y darse la legitimidad deseada, Carranza convoca a las diversas facciones y gobernadores a la convención de Aguascalientes para llegar a un acuerdo respecto al proyecto revolucionario, pero a esta convención no acudieron ni Zapata, ni Villa y tampoco Carranza, no obstante, en dicha asamblea fue nombrado presidente interino Eulalio Gutiérrez, hecho que motivó el desconocimiento de Carranza de los acuerdos tomados en la convención, constituyendo un gobierno de facto alterno que, ante la falta de unidad de las diferentes facciones revolucionarias, logró consolidarse al grado que fue reconocido incluso por el gobierno de Estados Unidos. En el periodo de gobierno carrancista, muy cuestionable en algunos rubros pero muy acertado en otros, se convoca al Congreso Constituyente de Querétaro que da origen a la Constitución que actualmente rige al Estado mexicano. El espíritu de esta carta magna, en consecuencia con su origen, es de corte social, reivindicando los derechos que exigieron desde un inicio los revolucionarios. La lucha armada continuó, y paulatinamente la revolución transmutó de lucha armada a proyecto civil, dando origen a instituciones, leyes, políticas públicas…aun cuando bien entrado el siglo XX algunas luchas sociales seguían invocando la causa revolucionaria.

El legado de la Revolución Mexicana es perceptible en el contexto cotidiano de los mexicanos, y no obstante que es innegable la evolución de la nación como consecuencia de la gesta revolucionaria, también lo es el que las demandas sociales de la misma siguen vigentes en muchos aspectos. En este sentido, sería absurdo y simplista suscribir que las injusticias previas a la revolución son las mismas que las de hoy, o que un movimiento social es la panacea. La propia dinámica social trae aparejado un cambio de paradigmas, de necesidades, de ideas, de circunstancias... y aquí recurrimos nuevamente al término revolución, ahora en su raíz etimológica, ’revolutio’, ’revolutionis’, ’revolutum’, es decir, dar la vuelta o volver al punto de partida, con lo que podemos afirmar que una revolución es volver al punto de partida en el que debe destruirse el orden de cosas para comenzar de nuevo, no por una arbitrariedad de las sociedades, sino por un determinismo histórico cíclico que el mismo Platón y Aristóteles consagran como un derecho de rebelión cuando los gobiernos puros devienen en impuros.

Es necesario redimensionar el papel de la Revolución mexicana y superar la doble moral que durante décadas ha existido en el país, doble moral con la que se han conmemorado y exaltado las virtudes de un proceso crítico del orden establecido como fue la Revolución mexicana, pero simultáneamente se ha condenado la movilización ciudadana y se ha incurrido en prácticas equiparables a las de Porfirio Díaz o Victoriano Huerta. Las ceremonias cívicas y los homenajes carecen de sentido si no son acompañados de una reivindicación real de aquello que se conmemora. La explotación laboral y los bajos salarios, la usura de las instituciones de crédito convalidada por las instituciones gubernamentales, el falso discurso de género manteniendo los bajos salarios de las mujeres y su menosprecio en todos los ámbitos, el clientelismo, la censura...contradicciones que hacen cuestionar el statu quo tal como lo hicieron los mexicanos de inicios del siglo XX. El cambio de gobierno federal ha sido una válvula de escape, un aliciente para la mayoría de los mexicanos de que la lastimosa realidad nacional va a mejorar, pero depende de la voluntad política de la actual administración cumplir con las expectativas ciudadanas.

Es cuanto.

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