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Octubre 22, 2019 13:34 hrs.

Lic. Oscar Gordiano Vite Vargas › iconos

Seguridad Nacional › México Hidalgo


El jueves 17 de octubre de 2019, la ciudad de Culiacán, Sinaloa fue escenario de un enfrentamiento entre militares y un grupo de la delincuencia organizada. Este hecho violento podría ser uno mas de los múltiples que han sido una constante en el país desde que en 2006 el Estado declaró la guerra a los narcotraficantes, no obstante, por los actores implicados, la magnitud del enfrentamiento, el nuevo contexto político nacional y la estrategia implementada, este enfrentamiento en Culiacán adquiere una relevancia tal que conmocionó al país entero y tuvo repercusiones nacionales e internacionales, cuyo alcance aun no se vislumbra.

Es importante destacar que el gobierno federal goza de un bono de legitimidad y aceptación muy amplio, en parte porque sus directrices de campaña y ya ahora como gobierno legalmente constituido, han sido enfáticas en la necesidad de cambios radicales. En el rubro de seguridad pública y combate al narcotráfico, el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, de consuno con el congreso de la Unión, emprendieron una serie de cambios que forman parte de la nueva estrategia de combate a la delincuencia organizada.

Es en este contexto, con una nueva estrategia de seguridad, con nuevos operadores, que se ha evidenciado con el enfrentamiento en Culiacán, que al igual que con gobiernos anteriores, el Estado sigue rebasado por la delincuencia organizada.

En el centro del enfrentamiento en la capital de Sinaloa se encuentra un personaje principal de la delincuencia organizada, nada mas pero nada menos que el hijo de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el capo por excelencia en nuestro país, con un poder económico y de fuego indiscutible. Como hijo de ’el Chapo’, Ovidio Guzmán cuenta con el respaldo del cartel de Sinaloa y él mismo es una pieza clave del grupo delictivo, presumiblemente empoderado por su padre. Buscado incluso por la DEA, Ovidio representa un objetivo prioritario y de difícil captura para el gobierno mexicano, por lo que un operativo para su detención debe ser planeado de manera meticulosa, con el concurso de altos mandos del gabinete de seguridad, del estado de Sinaloa y de la inteligencia del Estado y de las agencias colaboradoras del gobierno norteamericano, es decir, es un reto estratégico de primer orden.

Si el objetivo del operativo desplegado por el ejército en Sinaloa el pasado jueves 17, tal como lo ha referido el Presidente de la República, fue ejecutar la orden de aprehensión librada en contra de Ovidio Guzmán, es evidente que el operativo fracasó, y de hecho, este tropiezo ya ha sido reconocido por el Secretario de la Defensa Nacional. Es cuestionable, entre otras cosas, que tan pocos efectivos del ejército hayan sido movilizados para enfrentarse a uno de los principales líderes del cartel de Sinaloa y que los mandos altos del Estado en la materia no hayan estado encabezando esta acción.

No obstante, la decisión del gabinete de seguridad con el consentimiento del presidente de liberar al delincuente para evitar una masacre, fue la mejor decisión. Es digno de elogio que, dadas las circunstancias adversas y desfavorables para la fuerza pública en el momento de los hechos, se haya reconocido a tiempo la inviabilidad de la acción y no comprometer inútilmente la integridad de los militares y los civiles en riesgo, porque la tutela de las vidas humanas debe anteponerse a cualquier cumplimiento de metas en las áreas de gobierno, evitando caer en el absurdo de los mal llamados ’daños colaterales’ esgrimido en sexenios pasados.

Nuevamente se percibe una falta de coordinación en la información entre el Presidente de la República y miembros del gabinete, ya que en un inicio el Secretario de Seguridad declaró que el enfrentamiento entre el ejército y el grupo delictivo se debió a un hecho circunstancial y no a un operativo planeado como posteriormente hizo público el Presidente de la República, lo cual le resta credibilidad al gobierno, credibilidad que es indispensable en lo subsecuente si se pretende recomponer el tejido social.

En cuanto a las repercusiones internacionales, igualmente hacemos un balance positivo. El apoyo expresado por el Presidente de Estados Unidos a raíz de este enfrentamiento resulta fundamental debido a que el narcotráfico es un fenómeno de carácter transnacional, aunado a la condición de país destino del vecino del norte. Pese al fracaso del operativo y de que existen opiniones que han ridiculizado al extremo las decisiones tomadas u omitidas por el Gobierno Federal, el balance sigue siendo positivo con respecto al Presidente y sus métodos, lo que incluye haber evitado la masacre.

Es importante reconocer que el actual gobierno mexicano ganó las elecciones en 2018 con un amplio margen de participación ciudadana. Las fallidas estrategias de las administraciones precedentes en materia de seguridad agravaron el fenómeno delictivo que se ha convertido en una de las amenazas más peligrosas para el Estado de Derecho y la tranquilidad de la ciudadanía. Los hechos de violencia en Culiacán representan un punto de inflexión para el gobierno, y en tal sentido, implican una reorientación de las estrategias de seguridad, entre las cuales debe ser evaluado con toda responsabilidad la permanencia o no del gabinete de seguridad y por supuesto la recaptura de Ovidio Guzmán.

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